Estrés agudo afectaría memoria espacial

Tomado de Agencia de Noticias UN-BOGOTÁ D. C/ 08 de noviembre de 2018

Ratas usadas en el estudio mostraron que cuando se exponen a situaciones de estrés olvidan la tarea que se les había enseñado una sola vez, mientras que aquellas que fueron sobreentrenadas consiguieron formar una memoria más resistente.

La formación de la memoria tiene distintas fases: primero se adquiere una información o se da un aprendizaje, para lo que se crea una asociación de estímulos; después se da la consolidación, en la que se estabiliza la información adquirida y se hace resistente a la interferencia de diferentes factores, y finalmente se produce la recuperación, en la que se vuelve a traer lo aprendido, como durante una prueba académica.

 

Sin embargo, según explica Daniela Carolina Ballesteros Cadena, magíster en Neurociencia de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), existe una teoría en la cual se considera una fase posterior. Se trata de la reconsolidación, momento en el que después de haberse consolidado la memoria puede ser modificada. Sobre esta fase se ha sugerido que se podría tratar de un mecanismo mediante el cual las memorias se actualizan.

El estudio de la investigadora se centra en esta fase y en torno a factores que, como el estrés, pueden alterar la memoria espacial. Para ello entrenó ratas Wistar con una y dos sesiones, en las que los animales debían buscar un agujero en particular para entrar a una caja oculta que les permitía escapar de una situación aversiva. Para esto se usó el laberinto de Barnes, instrumento empleado en experimentos de psicología en laboratorio.

“Normalmente esto se hace durante ocho ensayos, un aprendizaje estándar, hasta que el animal cada vez tarda menos tiempo en encontrar el agujero, lo que nos muestra que realmente aprendió”, asegura la investigadora. “Esto lo logran gracias al uso de claves espaciales ubicadas alrededor del laberinto, por eso sabemos que se trata de una memoria espacial”, destaca.

Con los ocho ensayos se consigue un aprendizaje normal, mientras que con 16 ensayos la tarea queda sobreaprendida, o en condiciones de sobreentrenamiento.

Después de esta fase de aprendizaje las ratas pasan 24 horas en su caja hogar con sus compañeros y duermen, factor importante para la consolidación de la memoria. Luego se someten a una primera prueba de lo aprendido (reactivación), para comprobar si se consolidó la memoria.

Pasada la reactivación, los animales se sometieron por una hora a un restrictor, un “tubo” que limita sus movimientos. La magíster se aseguró de intervenir en la reconsolidación de la memoria y no en la consolidación –que ocurrió 24 horas antes– y detectó que los sujetos que no pasaron por la reactivación no se vieron afectados por el estrés.

“Lo que aplicamos se conoce como estrés por restricción de movimientos. Se trata de un estrés psicogénico porque en realidad no le estamos produciendo dolor ni otro tipo de modificaciones fisiológicas intensas, aunque el animal se siente vulnerable por la condición en la que se encuentra, y se estresa”, explica la investigadora, quien señala que esto se comprobó con muestras de sangre en las que se midió la presencia de corticosterona, una hormona relacionada con esta condición.

El resultado fue una alteración de la memoria adquirida por las ratas: “encontramos que los animales que tenían estrés olvidaban la ubicación del agujero donde estaba la caja y exploraban todo el laberinto de manera indistinta. Mediante el estrés interferimos en la reconsolidación de la memoria”, afirma la investigadora Ballesteros.

Aprender dos veces es mejor

La alteración se presentó en las ratas que solo habían sido sometidas a una sesión de entrenamiento, mientras que las sobreentrenadas presentaron una memoria más resistente. “Son evidencias interesantes porque muestran que efectivamente la repetición, el aprendizaje incrementado, el hacer las cosas con más frecuencia y con más ensayos, mejora la memoria, o al menos la hace más resistente”, asegura la magíster.

Este nuevo conocimiento podría aportar al desarrollo de opciones terapéuticas en las que sea necesario interferir o modificar memorias emocionalmente demandantes, como en el caso del estrés postraumático.

Como parte del estudio, la investigadora también analizó cómo se producían estos efectos en los cerebros de las ratas, para lo que evaluó la expresión de una proteína conocida como C-fos, implicada en los procesos de plasticidad sináptica, mecanismo por el cual las neuronas se comunican y producen cambios que dan cuenta del aprendizaje.

“Esta proteína está asociada con cambios de plasticidad muy tempranos, simplemente se está activando la maquinaria transcripcional, para que al final se den cambios en la estructura de las neuronas y como consecuencia haya cambios en el aprendizaje y en la conducta”, explica la investigadora.

 

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