Sin su interés por la anatomía o el vuelo habría pintado más, pero no la ‘Mona Lisa’”

“Tenía ángeles y demonios en danza alrededor de su cabeza. Estaba deprimido a veces, maníaco otras, salvaje mente imaginativo otras. Eso era parte de su genio. Le gustaba la gente, a diferencia de Miguel Ángel, que era más huraño. Acogía a la gente a su alrededor y tenía un gran séquito de amigos muy cercanos”, destaca el autor, que recuerda que con Miguel Ángel el creador de la Última cena tuvo algún desencuentro. “Eran rivales. Eran los dos mayores artistas de su tiempo, claro. Pero Miguel Ángel tenía una personalidad agria, no era tan amigable como Leonardo y tampoco estaba tan interesado en cosas como la ciencia, la anatomía, la geología. De hecho en Florencia Miguel Ángel decía cosas poco agradables de Leonardo, le insultaba. Leonardo probablemente estaba en su burbuja. Pero hubo un momento en el que ambos estaban pintando escenas de batalla en el vestíbulo del ayuntamiento. Era casi una competición pintando muros muy cercanos. Y Leonardo acabó dejando sin acabar la pintura. La rivalidad era realmente importante”.

Isaacson remacha que todos los intereses de Leonardo hicieron especial su trabajo. “Hay críticos que dicen que sin tanto tiempo dedicado a la anatomía o las máquinas voladoras habría pintado más. Puede ser verdad, pero no habría sido el artista más creativo de la historia ni pintado la Mona Lisa sin esos intereses. Sólo mirando a la famosa sonrisa de Mona Lisapuedes ver sus estudios anatómicos de los músculos faciales y también sus investigaciones sobre la percepción de la luz, los detalles y el color por el ojo humano para hacer la sonrisa misteriosa. Sabía cómo los recibimos y logró hacer que la sonrisa aparezca y desaparezca”.

Sus cuadernos están repletos de listas que muestran su insaciable curiosidad

Para la biografía lo más importante han sido, cuenta Isaacson, las 7.200 páginas de los cuadernos de Leonardo, páginas aprovechadas hasta la extenuación, repletas de listas, una de sus clave: tiene que ir de viaje a Milán y anota lo que quiere aprender ese día. “Medidas de Milán y aledaños. Dibuja Milán. Haz que el maestro de aritmética te muestre cómo cuadrar un triángulo. Pregunta a Benedetto Portinari por qué medios corren sobre el hielo en Flandes. Pregunta las medidas del sol que prometió darme el maes­tro Giovanni”. Y la lista de ese día sigue. “Hacía listas de todos los temas que le producían curiosidad, así que en los cuadernos vemos su mente danzar a través de la naturaleza. Hay esbozos, dibujos, maneras geométricas de cuadrar el círculo, incluso se pregunta por qué la lengua del pájaro carpintero es tan larga”. Y lo es, como explica Isaacson en un pequeño apéndice, por una buena razón: cuando está recogida protege su cerebro de los golpes. “Nunca publicó esas notas, así que muchos de sus descubrimientos no tuvieron impacto inmediato. Descubrió el funcionamiento de la válvula cardiaca y medios de movilidad, pero no tuvo gran impacto ahí, su impacto fue su arte y la imaginación para unir ámbitos diversos”.

Isaacson dice incluso que usó el método científico antes de que existiera y cambió sus opiniones cuando tenía nuevos datos, algo que “es menos frecuente hoy”. “Leonardo miraba los hechos y cambiaba sus teorías según lo que aparecía en sus experimentos. Hoy por desgracia estamos un poco menos interesados”, señala sobre el mundo de las posverdades y hechos alternativos. “Me interesan los que cambiaron el mundo a partir de la observación, la curiosidad y los hechos. Es peligroso que no sigamos ese enfoque”

 

Artículo tomado de www.vanguardia.com

 

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