Paro nacional en Colombia: cómo se viven las protestas (y qué piden) en algunas de las regiones más descuidadas del país

Tomado: BBC NEWS

30 noviembre 2019

Los indígenas colombianos son protagonistas del paro nacional del país.

Colombia vive jornadas de movilización social que no tienen antecedentes similares en sus últimas décadas.

El paro nacional comenzó el 21 de noviembre y se hizo fuerte en Bogotá y otras de las ciudades principales del país, con multitudinarias marchas y pérdidas para la economía que el gobierno calcula en casi US$400 millones.

El rechazo a algunos de los ajustes económicos y tributarios del gobierno de Iván Duque, el pedido de un mayor presupuesto para la educación y la implementación de los acuerdos de paz con la exguerrilla de las FARC son algunas de las demandas planteadas por el Comité Nacional de Paro, que agrupa a las principales organizaciones civiles movilizadas.

Sin embargo, las protestas no solo se viven en la ciudad capital, Medellín, Cali o Barranquilla, también se producen en algunas de las regiones colombianas más descuidadas históricamente y que padecen más violencia.

Y sus reclamos tienen que ver con los problemas que estas poblaciones padecen cada día y que llevan años denunciando sin lograr la suficiente atención. Acá algunos ejemplos.

Los niños de La Guajira que piden agua

Alrededor de 300 menores, en su mayoría de la población indígena wayúu, marcharon el primer día del paro desde la península del departamento de La Guajira, en el norte del país.

La columna de niños, acompañada por padres, profesores y vecinos, coreaba “todos juntos a marchar, qué viva el paro nacional” mientras avanzaba por calles y senderos de tierra.

La Guajira es una de las regiones que tiene una de las tasas de mortalidad infantil y pobreza más altas del país, fundamentalmente en los sitios donde existen asentamientos wayúu y de migrantes venezolanos.

Por ello los pedidos principales de los niños eran dos: agua potable y alimentos. Lo más elemental para sobrevivir y que disminuyan las muertes por desnutrición.

Los niños de La Guajira marcharon por agua y alimentos.

Casi 5.000 fallecimientos de menores se han producido en los últimos ocho años de acuerdo a un informe de la Corte Constitucional hecho el año pasado y que fue calificado por uno de sus magistrados como una “barbarie”.

La falta de agua y alimentos, deficiencias de la atención en salud, la crisis migratoria venezolana y la ausencia de vías para llegar a las comunidades más dispersas de La Guajira son algunas de las causas identificadas de la tragedia que los niños atraviesan en esa región.

Catatumbo contra el abandono

“Por nuestro reconocimiento y la exigencia de inversión social en nuestro Catatumbo, como referente histórico del abandono del Estado colombiano”.

Con esas palabras, el miércoles, la Asociación Campesina del Catatumbo anunció que se alistaba para plegarse al paro nacional indefinido.

Esta región compuesta por más de una decena de poblaciones, ubicada en el departamento de Norte de Santander (noreste) y que se extiende hasta territorio venezolano, es una de las que más ha padecido violencia en los últimos años.

Es testigo de una guerra sin cuartel entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) con grupos armados como Los Pelusos o los Rastrojos, disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y bloques paramilitares.

El paro en Colombia comenzó el 21 de noviembre.

El principal motivo de la disputa es el control de las zonas de cultivo de hoja de coca que la exguerrilla de las FARC dejó gracias al desarme de 2016.

En Catatumbo hay más plantaciones ilegales (casi 30.000 hectáreas sembradas) que en todo el territorio de Bolivia y como es una zona fronteriza con montañas y bosques de muy difícil acceso es considerada una región estratégica para actividades como el narcotráfico.

Organizaciones de derechos humanos de Colombia señalaron que al menos 270 personas fueron asesinadas en esta región en los últimos dos años y apuntan que la presencia del Estado es escasa y se concentra más en actividades represivas que sociales.

En los primeros días del paro, en varios puntos de Catatumbo las camisetas de la selección de fútbol del país y pañuelos de varios colores se multiplicaron en las calles al igual que los marchistas que pedían paz.

Y en la ciudad cercana de Cúcuta, también en Norte de Santander, frente a la frontera con Venezuela, fueron los profesores, estudiantes y obreros los que protestaron por mayor desarrollo para la región.

Mientras tanto, líderes comunales como los miembros de la Asociación Campesina del Catatumbo son hostigados tanto por grupos criminales como por fuerzas de seguridad, según ellos mismos denuncian.

Por ello es que la entidad ya coordina con otras organizaciones de la zona cómo se sumarán al paro nacional.

El campo de Colombia pide que pare la violencia

Las áreas rurales colombianas “piden a gritos que pare la violencia”, explica a BBC Mundo Diana Sánchez, directora de la Asociación Minga, una organización de defensa de los derechos humanos que trabaja en diferentes zonas y comunidades del país.

“En el campo están de acuerdo con las peticiones generales de paro, pero también tienen sus peticiones. Primero que nada es que acaben los asesinatos contra sus liderazgos sociales, que son en su gran mayoría indígenas, afrodescendientes, campesinos y mujeres rurales”, señala la activista.

Hubo masivas movilizaciones en Bogotá, Medellín y Cali, pero también se realizaron protestas en otras regiones de territorio colombiano.

Sánchez indica que solo en el último año mataron a decenas los dirigentes de alto reconocimiento en las comunidades colombianas y eso tiene muy preocupados a los habitantes de diferentes regiones en el país.

“Ellos piden que acabe la guerra, porque la guerra se lleva a cabo en las zonas rurales y zonas excluidas. El crecimiento de los grupos rurales y del paramilitarismo se da en los territorios agrarios fundamentalmente”, añade.

Se estima que entre 2016 y 2019 fueron asesinados alrededor de 300 a 400 líderes sociales.

En regiones como la costa del Pacífico de Colombia al menos una decena de comunidades se vieron obligadas a abandonarlo todo porque de la noche a la mañana se vieron en medio del fuego cruzado entre organizaciones armadas.

A mediados de año, entidades como Naciones Unidas y el Consejo Noruego de Refugiados (NRC), estimaron que fueron más de 1.000 los expulsados de sus hogares por las balaceras entre el ELN y bloques paramilitares como el Clan del Golfo.

Este viernes, los afrocolombianos también protagonizaron un nuevo episodio de este paro que se nutre día a día de reclamos por problemas actuales así como demandas de larga data que no fueron solucionadas por los gobiernos de turno.

Una “tamborada afro” fue la forma en la que los miembros de esa comunidad reclamaron ante el Departamento Administrativo Nacional de Estadística el “genocidio estadístico” por el que, según denuncian, fue desaparecido el 30% de la población negra entre los censos de 2005 y 2018. Y los habitantes de la Amazonía colombiana demandan respeto a sus territorios ancestrales y al ambiente.

La llamada Guardia Indígena ingresó caminando hasta Bogotá para sumarse a las protestas y denunciar las masacres de las que son víctimas. Con banderas colombianas y también los emblemas de sus territorios. Por ello Sánchez señala que es el campo donde se sufren algunos de los problemas más complejos que arrastra Colombia desde hace años y ahora se visibilizan en el paro nacional.

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