La Filarmónica de Viena: Descubrimos qué hace única a esta orquesta de 180 años de historia

Tomado: EuroNews

16 Enero del 2020

La Filarmónica de Viena ha estrenado numerosas obras maestras. Ha estado bajo la batuta de los maestros más importantes. Pero es el concierto de Año Nuevo el que ha hecho famosa a la orquesta en todo el mundo.

“Es una de estas orquestas en las que la identidad está muy clara y, sobre todo, cuando la Filarmónica de Viena toca el concierto de Año Nuevo, creo que toca como nadie en el mundo. Ese es el ADN de esta orquesta”, nos cuenta el maestro Andris Nelsons.

Además de las polcas y marchas, la orquesta tiene una forma única de tocar el vals. Wolfgang Vladar, trompa vienesa, explica que “el segundo compás llega demasiado pronto y el tercero demasiado tarde. No se puede explicar matemáticamente. Aprendes a sentirlo. Cuando escuchas una orquesta americana, la tocan de manera uniforme. Es casi como si tocaran otra pieza. Tocan muy bien, pero no tienen el mismo sentimiento”.

Según algunos, el sonido de la orquesta es inconfundible. Esto se debe en parte a sus instrumentos tan particulares y exclusivos.

Anton Mittermayr, que toca los timbales vieneses, explica que su instrumento “está hecho de piel de cabra y por lo tanto tiene un sonido oscuro y cálido. Es como un buen vino tinto”. En otras orquestas, los timbales están hechos de plástico o piel de becerro.

Otros de los instrumentos también están hechos a medida: los oboes, triángulos y trompas. Wolfgang Vladar, dice: “suenan muy fuerte, pero en realidad no son tan fuertes como las modernas trompas dobles. Ese sonido más bajo es una ventaja al tocar en una orquesta. No ahogaremos los vientos de madera o las cuerdas aunque toquemos muy fuerte. La música se mantiene más transparente”.

La orquesta, que no tiene un director permanente, disfruta tocando con el maestro letón. El trombón Johann Ströcker dice de Nelsons que “es también un músico de metal. Cuando estábamos de gira, a menudo tocaba la trompeta durante el intervalo. Para mí, esto lo hace increíblemente simpático”.

“Está muy conectado con la orquesta. Se comporta más como si fuera parte de nosotros que como el gobernante absoluto frente a nosotros”, asegura Vladar.

Para Nelsons “el Vals Dynamiden es algo hermoso, triste, melancólico y travieso. La verdad, creo que es muy austriaco también”.

Ströcker recuerda que “es en esta ciudad donde la música de Strauss se hizo famosa. Esta sensacion de leer entre lineas la música es muy natural, aqui”.

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