Las nuevas luchas agrarias

Por Carlos Naranjo*

Ante la gravísima situación de las zonas rurales del país, Salvación Agropecuaria y sus organizaciones afiliadas hicieron el 24 de abril del presente año una gran movilización de más de 10 mil agricultores.

En la concentración en la plaza de Bolívar, Ángel María Caballero y Jorge Robledo Castillo, sus máximos dirigentes, le notificaron al gobierno que era necesario declarar la Emergencia Económica, con el exclusivo propósito de atender el programa de Salvación Agropecuaria: cese de las importaciones agropecuarias, que le hacen daño al agro nacional; condonación general de las deudas del sector agrario; precios de sustentación para todos los productos agrícolas; líneas de crédito suficiente y barato para el agro; control de la calidad y los costos de los insumos; respaldo oficial a la creación y mantenimiento de distritos de riego, asistencia técnica, investigación y redes de comercialización; rechazo a la Asociación de Libre Comercio para las Américas, ALCA, y el cumplimiento del gobierno a los compromisos que los agricultores le han arrancado en sus luchas de varios años.

Paro Nacional Agropecuario

Como quiera que pasaron más de 20 días después de la Marcha sin que el gobierno nacional expresara respuesta alguna a la carta que Salvación Agropecuaria le envió al presidente Andrés Pastrana con los principales reclamos  

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Contra el hambre

de los agricultores, el 18 de mayo se reunió en Ibagué la Junta Nacional de la organización, y aprobó el Paro Nacional Agropecuario a partir del 31 de julio, haciéndole un vehemente llamado a todas las organizaciones del sector rural para unificar esfuerzos y buscar mecanismos de coordinación hacia el cumplimiento de la indeclinable tarea de movilizar a campesinos, indígenas y empresarios en la lucha por arrancarle al gobierno cambios drásticos en la política agraria que tan deplorables resultados ha tenido para la economía del país y para las actividades de los productores del campo.

En el Paro Nacional Agropecuario, que se inició el 31 de julio, como sus organizadores lo habían programado, se paralizaron las principales carreteras de Colombia: hubo más de 30 bloqueos en puntos estratégicos y como al cabo de varios días el abastecimiento de las ciudades capitales se estaba resintiendo, el gobierno inició la represión mediante el envío de la fuerza pública, la que con el uso de bolillos, culata, gases lacrimógenos, tanquetas y armas de fuego obligó a la dispersión de los agricultores. Quedaron cientos de heridos, contusos, presos y dos campesinos muertos en el Huila. Quedó la claridad en un gran número de labriegos de que nada pueden esperar de gobiernos listos a golpear a sus gobernados para demostrarle al amo extranjero su gran capacidad de obediencia. Pero también quedó la seguridad de contar con dirigentes decididos a la lucha y con la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria como la organización que necesitaba el campo colombiano para continuar combatiendo mientras los problemas persistan.

 * Directivo nacional de Salvación agropecuaria

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